La jequesa de Catar compró el Bacon de los 106 millones de euros

Sheikha Al-Mayassa bint Hamad bin Khalifa Al-Thani, la hermana del emir de Catar, fue quien compró la semana pasada los Tres estudios de Lucian Freud, el cuadro de Francis Bacon que se convirtió, con 142 millones de dólares (105,5 millones de euros), en la obra de arte más cara jamás subastada. La noticia, adelantada por The New York Post, era una secreto a voces en el mercado del arte, en el que la hermana del emir de Catar está considerada ya la persona más poderosa del mundo, según la lista que publica anualmente por estas fechas ArtReview, con su Power 100. El diario neoyorquino señala que la jequesa ha sido también la posible compradora de otra obra de Bacon, una de Mark Rothko y otra de Damien Hirst subastados recientemente por la casa Sotheby’s por un total de 158 millones de dólares (117 millones de euros).

Tres estudios de Lucian Freud es un tríptico de gran tamaño que muestra a otro de los grandes pintores contemporáneos, y había sido adquirida por una conocida galería neoyorquina, Acquavella Gallery, en nombre de un cliente secreto, que según varias fuentes citadas por el diario es la jequesa Mayassa, de 30 años. Hija de la segunda esposa del emir (que preside la Fundación Catar), regresó a su país cuando ya la potente maquinaria de adquisición de obras de arte llevaba cincuenta años puesta en marcha por su familia. Ahí está el ejemplo de Los jugadores de cartas de Paul Cézanne, 190 millones de euros que se pagaron en subasta y que marcaron un récord. O los 224 que se han invertido en 11 obras de Mark Rothko, o los 36 millones para comprar Niño con paloma, según el diario francés Le Figaro, uno de los tesoros de la National Gallery de Londres, y que pertenecía a una familia galesa.

La pulsión coleccionista se alimenta de otras grandes firmas: Warhol, Bacon, Hirst, Lichtenstein… En los últimos años ha invertido una suma tan elevada que habla a voces de ese deseo de “instigación cultural” al que se ha referido Sheikha Al Mayassa en Catar. Se estima, a falta de cifras oficiales y confirmación por parte de la real familia, que el ritmo de gasto de los últimos siete años ha sido de 700 millones de euros cada año con el fin de adquirir obras de arte. Como explicaba el semanario The Economist, la familia en el poder se niega a aclarar si las compras se hacen a título privado o en nombre del Estado o de qué forman van a ser beneficiosos para los ciudadanos. El asunto del macroimpulso cultural está en manos de la familia, que se cuida bien de revelar datos de presupuesto. Por temor a que roben las ideas, indicaron. Mientras Dubai y Abu Dabi se han aliado con instituciones como el Guggenheim y el Louvre para forjar una reputación en el mundo del arte, ha informado The New York Times, Catar ha emprendido un camino en solitario, con tal de que la visita a Doha sea obligatoria dentro de la ruta de las grandes capitales del arte en el panorama internacional. 

Sheikha Al Mayassa está al frente de la Autoridad de Museos de Catar, responsable a su vez de los descomunales Museo de Arte Islámico —abierto en 2008 y ya que presume de estar entre los seis mejores del mundo— y el de Arte Moderno, además de ocuparse del Instituto de Cine de Doha, entre otros proyectos de conquista cultural.

Enlace a la noticia: http://elpais.com/cultura/2013/11/20/actualidad/1384939163_131563.html

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