Antropología del ‘selfie’

¿Puede decirnos un selfie algo (real) de una persona? ¿Y de una ciudad? ¿Tal vez de la humanidad? Los miembros del equipo de Selfiecity, un grupo de investigación estadounidense dirigido por el Dr. Lev Manovich y la Iniciativa para los estudios sobre el software, creen que sí. De hecho, consideran que las autofotos revelan los estereotipos culturales y características antropológicas propias de una comunidad.

Esta conclusión puede parecer tan irreal como el filtro Kelvin (si España fuese como la muestra Instagram, sería Portland), pero los datos que arroja su estudio pretenden, al menos, bosquejar los valores que rigen en cada ciudad. La ciencia del selfie ya está aquí.

“Ahora todos nos comportamos como marcas y los selfies son simplemente nuestros anuncios. Nos permiten posicionarnos, muchas veces frente a nuestros competidores, para ganar reconocimiento, apoyo y, finalmente, relacionarnos con nuestro círculo social”, explica Karen Nelson-Field, profesora de la Universidad de Carolina del Sur y autora de Viral marketing: the science of shering.

Sí, los selfies pueden ser un instrumento para vender la mejor versión de nosotros mismos: guapos gracias a encuadres que desafían las leyes de la gravedad; con el outfit perfecto tras horas de pruebas de vestuario, y siempre embarcados en actividades interesantes en las que solo participamos para (o durante el tiempo necesarios para) hacernos la foto.

Pero, ¿resultan extrapolables a una sociedad concreta? Después de que Obama se sacase el famoso selfie en el funeral de Nelson Mandela, se creó un Tumbrl que recogía autofotos tomadas en entierros ¿Dice esto algo de alguien que no sean la veintena de personas que colgaron allí sus fotos?

Estudiar los selfies no es los mismo que observar los gorilas en su hábitat a lo Diane Fosssey. Pero tras analizar más de 140.000 fotos publicadas en cuentas de Instagram de Bangkok, Berlin, Moscú, Nueva York y Sao Paulo mediante sistemas de reconocimiento de imagen, las conclusiones de Selficity dan, como poco, para un par de conversaciones en el bar (o ascensor):

1. Solo en torno a un 4% de las imágenes de Instagram son selfies. ¿Nos gustan más los gatos de lo que nos gustamos nosotros mismos?

2. La mayoría de selfies son de mujeres. En Moscú, el número de autofotos femeninas es cuatro veces superior al de selfies masculinos.

3. La edad media de los se hacen selfies es de 23,7 años. Aunque en Bangkok baja a los 20. Curiosamente, los hombres mayores de 30 años postean más selfies que las mujeres de la misma edad. Saquen sus propias conclusiones.

4. Las ciudades donde más gente sale sonriendo en sus autofotos son Bangkok y Sao Paulo. ¿Adivine cuáles son en las que más gente está enfadada o seria? Moscú y Nueva York.

5. Las fotos de las chicas son más expresivas. El porcentaje de cabezas inclinadas es un 50% mayor entre los retratos femeninos que entre los masculinos. Y en casi el 17% de los selfies de mujeres de Sao Paolo los rostros describen un ángulo oblicuo. Aunque nada comparado con los #selfieolympics que recogen las poses más arriesgadas, antianatómicas y cuasisuicidas de Twitter.

Si todo esto le parece inútil o innecesario, la herramienta Selfiexploratory le permite utilizar distintas herramientas de búsqueda para encontrar, entre toda su base de datos, selfies de hombres enfadados, de mujeres con los ojos cerrados o nofilters reales.

Enlace a la noticia: http://elpais.com/elpais/2014/02/25/icon/1393361624_900647.html

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