Trejo gana el Tusquets de novela

Quizá en poco tiempo podrá encontrarse, ni que sea tenuemente, un hilo conductor en la dispersísima obra de los escritores en lengua castellana de hoy que van desde los treinta y muchos a los cuarenta y pocos y que pasa por una cierta búsqueda de referentes morales y espirituales en estos tiempos de desguace de valores con perfume estudiado de outlet. Y eso podría ir de punta a punta del Atlántico desde Guadalupe Nettel a Miguel Serrano Larraz, para poner ejemplos bien distantes en lo físico y lo estilístico. A esa preocupación podrá encuadrarse a lo mejor La máquina del porvenir, segunda novela del escritor Juan Trejo (Barcelona, 1970), con la que ha obtenido el décimo premio Tusquets de novela, con sus 20.000 euros.

“Hemos llegado al mundo exterior y a la fase adulta de la vida y hemos hallado más ruinas morales que respuestas concretas, hemos encontrado desgana y tristeza y nos faltan referentes morales”, ratifica Trejo (Barcelona, 1970). Esa exploración, el filólogo y profesor de literatura en Aula Escola Europea la plantea a partir de Óscar, joven que parte hacia Berlín para identificar el cadáver de una madre de la que hace años que no sabe nada; casi lo mismo que de su padre, autor argentino de exitosos libros sobre la búsqueda de la felicidad. El joven, desarraigado, que quiere saber de su familia, descubrirá que es la tercera generación de una estirpe de insatisfechos y visionarios que arranca con su abuelo, de alguna manera vinculado a una extraña cohorte de visionarios y «gente psíquica” que rodeó al zar Nicolás II para construir un artefacto que anticipase el futuro.

“Quería que el abuelo dibujara el pensamiento del siglo XX, desde lo visionario y el papel del inmigrante y los convulsivos cambios, pretendía con él tratar los grandes acontecimientos históricos de ese periodo”, adelanta Trejo, que admite que se ha sentido ya desde muy joven “atraído por la búsqueda de la trascendencia, que siempre ha tenido una vertiente de engañabobos que genera grandes beneficios… pero también hay una parte de realidad ensombrecida por aquello; a veces la gente siente, oye o presiente cosas que le pueden marcar la vida, como a estos tres de estas generaciones”, dice el autor, miembro del consejo de redacción de la desaparecida revista Lateral y codirector de la también cabecera literaria Quimera entre 2006 y 2009.

No hay que buscar personajes en clave tipo Alejandro Jodorowsky o Jorge Bucay, pero sí es evidente que los protagonistas “van en búsqueda de la espiritualidad, son vagabundos del Karma”, les define Juan Cerezo, director editorial de Tusquets. En la vida real, en la generación de Trejo, muchos han buscado y encontrado sus referentes –“o una moral válida entre los restos sospechosos”–, contextualiza, “en la cultura consumida; en esta novela y a veces en la vida real, realidad y ficción tienen la misma validez, por ello escoger la ficción o la mentira puede llegar a ser perfectamente satisfactorio, lo que aporte más plenitud a uno”, asegura quien admite la recuperación de la sentimentalidad como hilo conductor con su primera novela El fin de la Guerra Fría (2008).

Esa mezcolanza de realidad y de ficción y de “tremenda ambición al combinar el registro culto con el popular, mezclando cine y música con literatura o televisión” que registran las 400 páginas de La máquina del porvenir fue de las cosas que más poderosamente llamó la atención de Almudena Grandes, miembro del jurado, a la que le sorprenden también la diversidad de escenarios geográficos, que van desde Cadaquès (“una aura de energía fruto de los buscadores y artistas de todo pelaje que llegaron allí”) a México o Argentina, pasando por Berlín y una Barcelona “extraña, vacía de contenidos pero saturada de signos en un gran escaparate”.

Signos de los tiempos también los ha habido en la presentación del premio Tusquets: a diferencia de ediciones anteriores, el acto ha tenido lugar no en la sede de la editorial –desde julio trasladada al edificio corporativo del Grupo Planeta— , sino en un restaurante donde ha parecido por sorpresa Juan Marsé, presidente del jurado que completaban, amén de Cerezo y Grandes, Juan Gabriel Vásquez y el último ganador, Ginés Sánchez. No estaba, sin embargo, Beatriz de Moura, fundadora del Tusquets, que escenifica así, discretamente, su paulatina retirada que debería culminar en 2017, cuando Planeta tenga el control total de la histórica editorial. Otro tipo de búsquedas de espiritualidad.

Enlace a la noticia: http://elpais.com/ccaa/2014/09/29/catalunya/1411985313_863004.html

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