Perder 10 años en investigación

Pasaron tan solo seis años y medio entre el primer y el segundo cáncer de mama de mi madre, pero el tratamiento fue completamente distinto. En ese lustro poco habían cambiado los antitumorales, las pruebas diagnósticas y el seguimiento al paciente. Ahora hace ya 10 años, y seguro que habrán vuelto a ser alterados, personalizando el procedimiento gracias a los gigantescos avances en genética.

Ni nos damos cuenta, pero mucha de la práctica médica asociada al tumor más mediático tiene apenas unos años: el paclitaxel (comercializado como Taxol) que le salvó la vida a mi madre fue aislado en 1968 a partir de corteza de tejo, pero no fue hasta 1993 que pudo, por fin, comercializarse. Tan solo 10 años antes de su cáncer.

¿Podemos perder 10 años en investigación? ¿Podemos volver a niveles de principios de siglo? ¿Somos conscientes de lo que eso significa? En mi familia, para bien o para mal, sí que lo sabemos. Y es que gracias a la ciencia —básica y aplicada, puesto que son lo mismo— mi madre puede aún indignarse leyendo el periódico, viendo cómo un presidente desnortado tritura impunemente la ciencia española.— Andreu Escrivà García.

Enlace a la noticia: elpais.com/elpais/2014/02/25/opinion/1393350501_628541.html

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