París vuelve a salir en la foto

Toda la fotografía del planeta se dio cita hasta ayer bajo la bóveda acristalada del Grand Palais, convertida durante unos días en una monumental galería de imágenes. Paris Photo, la mayor feria fotográfica del mundo, acaba de cerrar su 18ª edición convertida en referencia para el sector y lugar de encuentro para cada vez más aficionados. En solo cinco días, casi 60.000 visitantes se han acercado a descubrir los paisajes urbanos de Bruce Davidson y Lewis Baltz, los enigmáticos retratos de Todd Hiro y Nicholas Nixon, las seductoras modelos de Richard Avedon y William Klein o los enigmas visuales que plantean Hiroshi Sugimoto y Christopher Williams. En 2010, la feria solo sumaba 35.000 asistentes.

Destinada inicialmente a un público minoritario de coleccionistas especializados, la feria se ha terminado convirtiendo en cita ineludible de un otoño cultural parisino marcado por una especial presencia fotográfica. “La fotografía ocupa un lugar central en la cultura y en la sociedad de hoy, por lo que resulta lógico que el público también aumente. Existe una necesidad creciente de interrogarnos sobre nuestra relación con la imagen”, analiza el director de Paris Photo, Julien Frydman. El mercado refleja este boom. En la feria, un retrato de Diane Arbus, ese que protagoniza un chico armado con una granada de juguete, fue vendido por 500.000 dólares por la galería Howard Greenberg, una de las más excelsas de los pasillos del Grand Palais.

Durante esta edición, Paris Photo ha acogido a 143 galerías de 35 países distintos, una decena más que hace un año, y ha apostado por ampliar horizontes con un programa digno de un festival fotográfico. Para empezar, a través de un puñado de exposiciones exclusivas, como la que mostraba en primicia las nuevas adquisiciones del departamento fotográfico del MoMA, que se ha abierto por primera vez a la fotografía sudamericana, con nombres como Alfredo Cortina o Gerardo Barros. Pero también conferencias a cargo de nombres como Paul Graham o Martha Rosler, un total de 250 fotógrafos invitados y visitantes tan célebres como Natalie Portman, Eric Cantona, Audrey Tautou, Christian Lacroix o Isabelle Huppert, comisaria invitada de una muestra sobre Robert Mapplethorpe en la galería Thaddaeus Ropac. “A principios de los noventa, conocí a un pequeño grupo de coleccionistas fotográficos en Nueva York. Entonces era una escena muy minoritaria”, recordaba Huppert hace unos días. “Hoy, en cambio, el arte y la fotografía ya seducen igual o más que el cine”.

La constelación de eventos del programa off, que aumenta año tras año, también demuestra la creciente influencia de París en el mercado de la imagen. Durante el fin de semana se han celebrado ferias paralelas como Fotofever –que ha rendido homenaje a Gerard Malanga y al mítico estudio Harcourt–, el Salón de la Fotografía –que ha celebrado la mirada humanista de Sabine Weiss– o Polycopies, centrada en el pujante mercado del fotolibro, que también ha ganado espacio en Paris Photo.

Para el francés Quentin Bajac, conservador fotográfico del MoMA, el éxito de la feria ha contribuido a que París “se vuelva a convertir en capital europea de la imagen”, estatus del que ya gozó en tiempos de Niépce y Daguerre. El triunfo de Paris Photo no parece un fenómeno aislado. El Jeu de Paume, museo público especializado en la imagen y dirigido por la catalana Marta Gili, registra un incremento del visitantes del 70% en solo ocho años. Una retrospectiva de la propia Arbus logró seducir a 330.000 personas en 2011. Y, el año pasado, dos muestras sobre Robert Doisneau o Sebastiao Salgado superaron las 100.000 entradas en la Maison Européenne de la Photographie.

El grueso del mercado sigue ubicado en Estados Unidos. La misma Paris Photo ha abierto delegación en Los Angeles, donde celebra una feria paralela en primavera desde hace dos ediciones. Pero la oferta institucional parisina no parece contar con rivales de altura. La mencionada feria coincide con el Mois de la Photo, bienal fotográfica iniciada en 1980. Durante el mes de noviembre, más de cien exposiciones tienen lugar en los museos y galerías de la ciudad. En su surtido programa destaca la retrospectiva de Gary Winogrand en el mismo Jeu de Paume, una muestra sobre William Eggleston en la Fundación Cartier-Bresson y otra sobre Roman Vishniac, gran cronista de la Europa askenazi, en el Museo del Judaísmo. En otros puntos de la ciudad, Michel Houellebecq se revela como insospechado retratista de la Francia profunda a través de una serie de desangeladas instantáneas y el polifacético James Franco presenta su último trabajo fotográfico, donde escenifica la mítica serie Untitled Film Stills de Cindy Sherman metiéndose en la piel de la fotógrafa. Por su parte, fotógrafos españoles como Alberto Garcia-Alix, Isabel Muñoz, Aitor Ortiz y Carlos Pérez Siquier participan en un ciclo de fotografía mediterránea.

El Centro Pompidou ha aportado la guinda sobre el pastel con la inauguración de un nuevo espacio permanente dedicado a la fotografía. Su primera muestra recoge la obra del fotógrafo surrealista Jacques-André Boiffard, colaborador de Man Ray y André Breton, que en los años treinta abandonó la práctica artística y se convirtió en médico especialista en radiología. El espacio está pensado para exponer el majestuoso fondo fotográfico del Pompidou, formado por 40.000 imágenes y uno de los tres primeros del mundo, pero del que el museo no hecho hasta ahora un excesivo alarde. “El Pompidou se dota por fin de una galería fotográfica”, celebró su presidente, Alain Seban, el día de la inauguración. “El contexto ha cambiado desde 1977, cuando abrió el museo. Ahora la fotografía es plenamente reconocida como una disciplina de pleno derecho entre las artes visuales”. Una simple ojeada al saturado panorama parisino no hace más que confirmar sus palabras.

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