Jeremy Irons: "Hoy en día vivimos bajo la ilusión de una democracia que no es tal"

DANIEL G. APARICIO

  • Jeremy Irons ha acudido a Madrid para promocionar ‘Tren de noche a Lisboa’.
  • En la película interpreta a un profesor que decide viajar a la capital portuguesa en busca de un hombre que luchó contra el dictador portugués Salazar.
  • El actor se ha criticado duramente a gobiernos y grandes multinacionales.

Jeremy Irons

Fue el Padre Gabriel en La Misión, el controvertido profesor Humbert en Lolita, Aramis en La Máscara de Hierro, la voz del traicionero Scar en El rey león y el papa Alejandro VI en la serie Los Borgia. Es Jeremy Irons, uno de los actores británicos más célebres y apuestos de todos los tiempos, ganador de un Oscar por El misterio von Bülow y protagonista de Tren de noche a Lisboa, largometraje basado en la novela homónima que se estrena el próximo 16 de abril.

En esta ocasión, Irons se mete en la piel de un tranquilo maestro suizo de lenguas clásicas que decide abandonar su trabajo para viajar a Lisboa en busca de un doctor y poeta que luchó contra el dictador portugués Antonio de Oliveira Salazar. Pese a su aparente simpleza, el papel ha sido todo un reto para el actor. «El desafío era no hacer nada. Me explico, a los actores nos gusta interpretar, hacer cosas y, como este papel es muy comedido, tenía que esforzarme por no hacer nada«, relata Irons durante su visita a Madrid.

Serio e imponente, con una de esas presencias y voces profundas que desprenden magnetismo, el actor británico deja claro que no le apetece hablar de su vida personal. Preguntado por si alguna vez se ha obsesionado, como su personaje, por alguna mujer o por algún libro, se limita a decir que lo que le causa obsesión es su trabajo. «Sufro una cada vez que me enfrento a una nueva película. En ese sentido, desde el punto de vista laboral, mi vida es una serie de obsesiones encadenadas», asegura.

Muchísimo más elocuente se muestra a la hora de hablar por política, muy crítico con los gobiernos y grandes empresas. «Hoy en día vivimos bajo la ilusión de una democracia. El hecho de ir cada cuatro o cinco años a echar una papeleta en una urna realmente no marca mucha diferencia en nuestras vidas. No tenemos para nada el control de nuestras vidas, nuestras vidas las controlan las grandes multinacionales, que son amorales. Sólo tienen obligaciones hacia sus accionistas», cuenta el actor.

«Creo que los gobiernos deberían preocuparse más por guardar y defender nuestros intereseses y no centrarse tanto en la macroeconomía. Tendrían que preocuparse por nuestra calidad de vida y, sobre todo, tratar de acabar con esa enorme brecha cada vez más grande entre los ricos y los pobres», añade.

Sin abandonar el tono crítico, al hablar sobre la crisis, Jeremy Irons demuestra que tiene una idea muy clara sobre hacia dónde deberían ir las cosas para acabar con la situación actual. «Esta crisis continúa. Nos dicen que estamos saliendo, pero yo creo que no. Los gobiernos simplemente quieren que nosotros sigamos comprando, comprando y comprando. Piensan que si aumentan la producción se acaba la crisis, pero yo creo que no. Ese es el camino hacia el caos», desarrolla.

«Estamos atrapados en esa espiral ridícula en el que las grandes corporaciones controlan a los gobiernos amenazando con llevar su compañía a un sitio donde sea menos caro. Hay que controlar a esa multinacionales, reducir ese poder que tienen, obligarles a pagar los impuestos que corresponden a sus ganancias y que se preocuparse por cerrar esa brecha que hay entre la gente que tiene cada vez más y la gente que tiene cada vez menos. Si no, esto va a llevar a disturbios e inevitablemente a revoluciones», sentencia.

Pero los ciudadanos también tienen su parte de responsabilidad en este orden de cosas. «Tenemos que entender que vivimos en un mundo con cada vez recursos más limitados en el que la gente se tiene que conformar con menos. Tenemos que ser personas cada vez más sencillas en un mundo cada vez más complejo«, expone el actor antes de proponer ideas como rutinas de trabajo de dos días semanales y una distribución más equitativa de empleos y riqueza.

Su mensaje final sobre el tema no es muy optimista: «Las cosas no han cambiado. Los que han sido responsables de la crisis siguen ahí. Hasta que no llegue una nueva generación que realmente coja las riendas, entienda la situación y tenga el valor de implementar ciertas medidas, las cosas van a seguir igual»

Satisfecho con su trabajo

También se moja Irons a la hora de hablar de los papeles en los que se ha sentido más a gusto. «Estoy muy orgulloso de mis trabajos en Lolita, La misión, Inseparables, El misterio von Bülow… y en Tren de noche a Lisboa, claro», dice. También tiene palabras para Los Borgia, su trabajo reciente más conocido y del que asegura que «una de las mejores cosas es haber podido llevar falda casi todo el tiempo».

Esas preferencias no tienen que ver necesariamente con la calidad final de cada una de las películas ya que, según el actor, «lo que se recuerda es el placer, el dolor, los momentos difíciles, los altibajos durante un rodaje. Eso es lo importante». «Después, que el producto final tenga o no algo que ver con lo que tú recuerdes mientras lo hacías es lo de menos. Lo que queda es lo que has vivido mientras hacías la película», añade.

También destaca la importancia de historias como la de Tren de noche a Lisboa, que ayudan a entender la historia y el mundo y que, de un modo u otro nos afectan. «Todos necesitamos la ficción, historias para sacudirnos, para cambiarnos… Esa es una de las funciones del arte», dice.

Hombre muy viajado, tanto por su trabajo como por sus inquietudes personales, Irons tampoco vacila a la hora de hablar de algunas de sus ciudades predilectas que no son pocas, empezando por la misma Lisboa, de la que le maravilló «su vieja arquitectura vieja, un poco destartalada, con ese encanto de lo derruido, las personas que viven allí, el sentido de comunidad que se palpa y que es una cosa de grandísimo valor…».

«A uno le gustan las ciudades por motivos distintos. Por ejemplo, de Madrid me gusta la energía. En cuanto llego aquí la noto. Algo que también puedo decir de Sevilla, aunque de manera distinta. También Barcelona, que es una de mis ciudades favoritas, París, Venecia, Estambul… Nueva York me gusta, aunque no sé si querría vivir allí, Dublín, Londres, que es una maravilla, donde tienes que andar kilómetros de calles antes de encontrar a un inglés», enumera el intérprete.

«Anoche llegué a Madrid y enseguida capté ese olor, esa luz, esa diferencia. Después de dos o tres días te entra y te acostumbras, pero llegar y experimentar ese contraste es el placer de conocer ciudades distintas», concluye.

Por último, Jeremy Irons finaliza su intervención adelantando algo sobre sus trabajos futuros: «El año que viene voy a hacer de Alfred, el mayordomo de Batman. Me toca meterme en los zapatos de Michael Caine, que son unos zapatos bastante grandes. Además, también tengo algunas películas independientes, pero prefieron no hablar demasiado de ellas porque las películas independientes son como plumas que van volando en el aire, que con un soplo de viento pueden desaparecer».




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