Estrella total

Vestidísima, tremenda, estupenda, gustándose. Así se presenta Estrella Morente en el escenario con esa estética que practica, cercana a veces al majismo del siglo XIX, tan ligado por otra parte al nacimiento y formación del flamenco. Estrella Morente es, sin duda, una de esas «guapas» de las crónicas periodísticas y literarias de finales del siglo XVIII que más tarde se convirtieron en las «majas» y «majos» para, años después, y ya definitivamente, reaparecer como los «flamencos». Y hasta hoy.

Algo así debió ver Falla en Pastora Imperio cuando pensó en ella como protagonista de su Amor brujo, estrenado en 1915 (el próximo año será el centenario) en su primera versión con el nombre de Gitanerías. Anoche, en la última gala del Festival Del Cante de las Minas de La Unión, se presentó una versión protagonizada por la joven —y quizás todavía en formación— Orquesta de la Universidad Católica de Murcia, dirigida por Emilio Fenoy, y la cantaora Estrella Morente, a quien este año se dedica el festival minero.

No es, desde luego, la primera vez que las orquestas clásicas colaboran con los flamencos, y tampoco la primera vez que una cantaora aborda esta música teatralizada. Esperanza Fernández la ha interpretado en muchas ocasiones, por ejemplo con la Orquesta de Zagreb e incluso junto a una compañía de danza contemporánea, la Peridance Contemporary Dance Company.

Pero esta nueva versión había despertado cierta expectación en el entorno del certamen. Se realizó con la orquesta sobre el escenario y, por lo tanto, sólo levemente teatralizada por los movimientos de Estrella Morente, que utilizó incluso el patio de butacas como espacio para su dramatización y para sus ligeros movimientos de baile.

Con Estrella la presencia escénica está asegurada, es sin duda artista total, se mueve y se sienta en la silla con soltura, con muchas tablas. Si no fuese Estrella Morente tal vez algunos aficionados le reprocharían cosas: que a veces la voz le suene coplera, otras marchenera, siempre morentina (es decir, de Enrique); otras veces tal vez le reprocharían que no cierre los tercios, que sea demasiado lírica. Yo que sé… Pero todo eso con Estrella se convierte en secundario.

Ella domina la escena como nadie, con empaque. Es artista. En La Unión, durante la primera parte del espectáculo, la que realizó a base de palos flamencos y acompañada sólo por sus músicos habituales, actuó más recogida, sin esas entradas y salidas dramáticas del escenario de los primeros años tras su éxito.

Su problema es que se mantiene siempre en el mismo registro tremebundo: hasta cuando da las buenas noches lo hace con tensión dramática.

Pero esa personalidad tal vez la ayudó en este brete. Su elegancia natural, su cuidado vestuario (agitanado en El amor brujo), su sensualidad y belleza salvaron la noche, pese a algunos evidentes desajustes, seguramente por la escasez de ensayos.

Estrella no bailará como Pastora (aunque a veces elevaba el brazo oblicuamente como hacía la célebre bailaora), no tendrá la mejor voz del mundo (aunque la utiliza con gusto y delicadeza), no nos hará olvidar las versiones de las canciones de la obra de Falla realizadas por Esperanza Fernández, pero demostró ser una gran artista total.

Enlace a la noticia: http://elpais.com/cultura/2014/08/13/actualidad/1407910191_833607.html

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