Egos, excesos y cocaína

Puede que inicialmente fuera un movimiento igualitario pero, que nadie se engañe, el hipismotambién tuvo su aristocracia. Se encarnó, por ejemplo, en aquel proyecto musical llamado Crosby, Stills & Nash. Su mera existencia sugería la gozosa posibilidad de la reinvención: procedían de grupos frustrados o culturalmente superados (The Hollies, Buffalo Springfield, The Byrds).

Si hemos de creerlos, se juntaron de forma espontánea. En el verano de 1968, coincidieron en California y sus voces empastaron mágicamente. En realidad, el hecho de que cada uno grabara para una discográfica diferente requirió alta diplomacia por parte de Ahmet Ertegün, responsable de la compañía que se llevó el gato al agua, Atlantic. Fue también Ertegun quien sugirió que el supergrupo se reforzara tras su primer LP, incorporando a alguien que era prácticamente un desconocido: Neil Young. Funcionó: se sumaba garra a lo que inicialmente era un trío angelical. A la larga, también fue un fichaje fatal: Neil, que había chocado con Stills en Buffalo Springfield, tenía una agenda propia.

Pero no nos adelantemos. Conviene remachar que, en trío o en cuarteto, facturaron mensajes urgentes para la contracultura. Desde canciones coyunturales (Woodstock, Ohio) a reflexiones sobre la educación de los hijos (Teach your children). De fantasías escapistas (Wooden ships) a reivindicaciones del nuevo estilo de vida (Almost cut my hair). Hasta nos informaban de sus épicos enamoramientos: la relación de Stephen Stills con la vocalista Judy Collins quedó retratada en Suite: Judy blue eyes; un par de temas del primer LP estaban inspirados por la seductora Joni Mitchell.

En la cotidianeidad, sin embargo, despuntaban los egos. Aunque estuvo con ellos en Woodstock (1969), Neil Young rechazó aparecer en la película del festival, en la que únicamente se pudo ver a Crosby, Stills & Nash. En 1973, CSN&Y dejó de existir tras sacar un directo, 4 way street. Nada dramático: todos tenían proyectos particulares en marcha.

Con un matiz: sólo Neil triunfó a lo grande, a partir de Harvest (1972), disco que sugería la retirada generacional hacia una vida rural. De repente, surgía el macho alfa de la manada: un jefe genial, esquivo, caprichoso. En 1973, hubo un intento de grabar un nuevo disco de CSN&Y en el rancho de Young. Se iba a llamar Human highway y quedó inacabado, aunque había hasta portada (un retrato de los cuatro en Hawai). El tema homónimo fue rescatado por Neil para Comes a time, en 1978.

Y sin embargo, un año después CSN&Y se reunían para una tarea titánica: unos 30 conciertos en estadios de Estados Unidos y Canadá, con cierre en el Wembley Stadium londinense. Lo que había comenzado como un grupo de sala de estar se transformaba en un monstruo para multitudes veraniegas. De la inicial wooden music (música de madera) al decibelio masivo. Por mucho que sugirieran “la necesidad de cerrar el ciclo” y coartadas similares, estaba lamentablemente claro: la motivación era económica.

El demonio sabe burlarse: en vez del millón y medio de dólares que se calculaba ingresaría cada uno, los beneficios fueros modestos. Hubo alguna cancelación, con los consiguientes problemas legales. Se luchó contra el equipo de amplificación, que ya había sido usado unos meses antes en la gira de Bob Dylan con The Band. Sobre todo, se dispararon los gastos: los músicos y sus asociados exigieron ser tratados como realeza. Comenzaba la era de los jets privados, los chefs contratados que finalmente cocinaban poco. Mandaba la cocaína, substancia que no favorece el ascetismo.

Hace unos años, cuando Graham Nash empezó a revisar las cintas grabadas durante el recorrido, se quedó avergonzado: muchas de las interpretaciones estaban encocadas, aceleradas y coronadas por voces deterioradas. Debió desechar buena parte de las cintas y, sobre todo, mimar el sonido: Neil Young, que en 1974 se negó a dar permiso para sacar un live, quería que alcanzara el estándar de su reproductor Pono. Con todo, Nash ha sacado una síntesis luminosa de aquella odisea.

CSNY 1974 llega en dos versiones. La edición completa incluye tres CD, un DVD y un libro; también se vende un resumen, en un CD. Y resulta una revelación. Se escucha con una nitidez de la que sólo disfrutó una mínima porción de los asistentes a aquellas jamborees contraculturales.

No, el problema no era el repertorio: tenían los dos discos más el abundante material grabado en solitario (Neil Young prescindió de sus “grandes éxitos” para dar salida a temas frescos, incluyendo una improvisada despedida al presidente Nixon, Goodbye Dick). Y se organizó inteligentemente. Los conciertos se abrían y cerraban con segmentos eléctricos; en el medio, la parte acústica.

La potencia instrumental era fenomenal: con tres músicos contratados en la sección de ritmo, las estrellas alternaban entre teclados y guitarras. En términos de personalidad, había donde elegir: el hedonismo soñador de Crosby, la prudencia práctica de Nash, el musculoso romanticismo de Stills, la increíble fertilidad de Young.

Se trataba, sin embargo, de un espejismo: demasiadas fuerzas centrífugas para soportar tan frágil fraternidad; los antiguos amigos se ignoraban o peor. A finales de 1974, intentaron rematar otro LP conjunto; típicamente, Young se marchó sin avisar.

En los 40 años que han pasado, todos conspiraron para olvidar aquella gira de excesos y masas alborotadas. La reciente publicación de CSNY 1974 (Rhino Records) muestra que también crearon música excelsa. Que ahora suena a canto del cisne, a despedida del sueño de poner banda sonora a una sociedad alternativa. Lo siguiente fue la fragmentación, el sálvese quien pueda.

Enlace a la noticia: http://elpais.com/cultura/2014/08/10/actualidad/1407691853_690964.html

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